Segunda parte:
-Ale, ale, hay alguien en el living que quiere verte, - dijo Belén con una sonrisa picarona - ¿a si, quién es? –Dije con un poco de curiosidad- ¿no adivinas? – respondió mas picarona que antes- creo que no – yo que tu voy dejando ese librito de lado y me arreglo un poco y salgo a ver quién es- dijo mientras me quitaba el libro y lo dejaba en el escritorio – es Sebastián – resoplo al fin, eso me causo un cierto enrojecimiento en las mejillas, me levante de súbito, fui al baño me arregle el pelo y fui a ver a mi visita, al asomar la cabeza por la puerta le vi, estaba viendo unas fotografías donde salíamos Belén y yo sentadas a la orilla de un rio haciendo muecas raras, entre y le salude – hola, como estas? – me acerque y le di un beso en la mejilla – bien, aquí visitándote como vez, no me pude resistir en venir a buscarte para invitarte a salir- me dejo estupefacta, realmente era impresionante lo que me causaba el verle, las manos y las piernas me temblaban, la lengua se me trababa y sentía todos mis cabellos erizados a causa de un frio que recorría mi espalda, disimuladamente me senté y le ofrecí a Sebastián que tomara asiento – ¿y que tal tu semana? - pregunte tratando de destrabar mi lengua, que por suerte no me abandono esta vez – bien, demasiado lenta para mi gusto, al parecer cuanto más quería verte, más lentas eran las horas – dijo sin despegar sus ojos de los míos, el latir de mi corazón era violento y la respiración se me entrecortaba, si ahora que le tenía a varios centímetros de distancia me hacía sentir como loca, ya imaginaba como seria si estuviese más cerca. Realmente era extraño sentir algo tan fuerte por alguien que apenas he visto dos veces con esta.
- ¿qué prefieres hacer? , ¿Ir al cine, ir a tomar helado, caminar, algo así? - no podía responder, carraspee un poco y me atreví a sacar la voz – realmente me pillas desprevenida, no pensé que vendrías hoy y no sé, podemos hacer lo que sea, si quieres vamos al campo a caminar a orillas de un rio, al cerro o a tomar helado, al cine creo que no porque no podríamos conversar mucho, creo.
- sí, toda la razón, me parece atractiva esa idea del campo, ¿conoces algún lugar especial?
- sí, la verdad es uno muy especial, ¿ves el rio de la fotografía?
- sí, se ve lindo, ¿por qué es especial?
- es especial porque me crie cerca de él, ahí aprendí a nadar, a jugar a ahogarme y muchas cosas más que tardaría todo un día en contarte si es que no mas
- bueno por mi feliz escucharte un día entero o dos o todos los que quieras, ahora tengo tiempo para oír tus historias – sus ojos brillaban como dos estrellas en una oscura noche, sin pensarlo más fui por mi bolso, unos chocolates, frutas, jugo y nos fuimos.
El camino se me hiso más corto que de costumbre y el paisaje me parecía más lindo de lo normal, aunque era imposible porque aquel paisaje jamás podría ser más hermoso de lo que ya es, sus árboles, sus pastizales, las piedras al borde del rio, todo ya era demasiado hermoso, pero ahora tenía un brillo distinto, un aroma diferente, un algo que no podía descubrir, quizá era la compañía que llevaba esta vez, un poco desconocida para mí pero ya era alguien con quien me quería sentir cada vez mas familiarizada, alguien con quien quería compartir mas de unas cuantas horas. – Que lindo lugar, en la fotografía se veía atractivo pero en persona es mucho más lindo, ya imagino como disfrutabas este rio cuando eras pequeña, realmente se siente especial esto – dijo mientras contemplaba el paisaje – ¿te gusta? – Si, me encanto, es un lugar muy calmado y pacifico- respondió Sebastián - ¿vienes muy seguido a este lugar? - la verdad, si vengo mucho aquí, me encanta la serenidad que se respira en este lugar, me encanta sentarme y oír el canto de las aguas, el silbido de las aves, o en invierno me gusta ver y oír como cae la lluvia en el rio, ese sonido me es especial - me senté al borde del rio y Sebastián me siguió, se acomodo muy cerca de mí y comenzó a lanzar piedras al agua mientras conversábamos. - ¿por qué te gusta la lluvia? – Pregunto Sebastián con curiosidad, - la verdad, no lo sé, quizá sea su aroma, su frescura, esa paz que deja en el ambiente – si, tienes razón, siempre queda un rico ambiente después de la lluvia - mientras decía eso, se paro y lanzo una piedra justo en frente de mí, me empapo de agua, - perdón, no fue mi intención- dijo casi reventando de risa, me levante y le seguí el juego, me acerque y lo empuje al agua, el fue más inteligente y me abrazo así que caímos juntos, jugamos un rato en el agua a una especie de guerra, de pronto el me abrazo para que dejara de tirarle agua, mi corazón se desespero, y podía sentir el suyo ahí al lado del mío latiendo casi a un solo ritmo, sus ojos no se despegaban de los míos, lentamente se acerco hasta que nuestros labios quedaron completamente enredados sin poder despegarse como si fuesen imanes, esa sensación era dulce, pero me quemaba, era como un fuego que ardía en mi boca y que provocaba un escozor en todo mi cuerpo, sus brazos eran como un lazo alrededor de mi cintura, de apoco fueron aflojando y sus manos se enredaron en mi pelo – que dulce, tal como imagine, suave y aromática – me dijo al oído mientras olía mi cabello, me sentí mareada, nunca había sentido esa sensación, jamás imagine que un beso podría provocarme eso – estas helada, mejor nos secamos y comemos algo ¿te parece? - dijo mientras me tomaba en brazos y me sacaba del agua, una vez fuera volvió a abrazarme y a besarme tanto o más apasionadamente que antes, esta vez sentí que volaba en una nube de algodón y me sentí mas mareada que antes, era increíble esa sensación, era como una especie de droga que no causa daño alguno, pero de la que se quiere y anhela mas y mas, una droga que con solo una probada embruja los sentidos dejándote en el más profundo estado de perdición.
Después de secarnos comimos algo y nos quedamos bajo un árbol conversando toda la tarde hasta que cayó sobre nosotros la noche y en el cielo se esparcieron las estrellas – hermosa noche – dije yo mientras él me acariciaba el pelo incesablemente – sí, pero creo que si no estuviese contigo en este lugar mi noche seria como una noche de luto y silencio absoluto, quizá estaría en mi casa escribiendo una carta para enviártela mañana a primera hora por correo
-¿enserio? , ha y hablando de cartas, como fue que te equivocaste aquella vez en la dirección y porque me respondiste cuando te escribí para decirte que te habías equivocado ya que en esa dirección no vivía nadie con ese nombre y nadie conocía ese remitente – la verdad, me pareció interesante que alguien se preocupara de devolver una carta y que mas encima se diera el tiempo de dar explicaciones tan amablemente, así que escribí para dar las gracias y para ver que tal era la persona que estaba detrás de esas letras, y aparte de eso, me pareció interesante tu forma de expresarte a través de lo que escribes, eres simple y sencilla pero hay algo en las palabras que le dan un toque especial, un algo que ahora estoy descubriendo, es esa dulzura tuya, es esa magia que hay en tus ojos, es esa simpleza y majestuosidad que le das a lo que te rodea y esa ternura que te envuelve mágicamente – yo no sabía que decir, solo podía mirar el cielo y nada más, se movió un poco y se sentó frente a mí, me tomo las manos y me miro fijamente – Alejandra, quizá sea muy pronto para esto pero ya no puedo esperar más, ahora que se quién eres no te voy a dejar ir, sé que hay mucho mas por conocer y mucho mas por vivir y me gustaría que eso que nos queda por vivir lo vivamos juntos- se acerco un poco mas sin dejar de mirarme, esta vez en sus ojos había un brillo desesperante, un fuego intenso – Ale, ¿quieres pololear conmigo? – esta pregunta me saco de orbita unos cuantos minutos, analice cada palabra, cada letra y significado juntándolas, el estomago se me comprimió y sentía que la sangre de mis venas se enfriaba, no podía hablar, sentía un nudo en la garganta así que tuve que forzarme para poder hablar – si. – fue todo lo que logre decir.
Continuara…
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