lunes, 31 de enero de 2011

Una sonrisa, un abrazo y un cuchillo

Segunda parte:
-Ale, ale, hay alguien en el living que quiere verte, - dijo Belén con una sonrisa picarona  - ¿a si, quién es? –Dije con un poco de curiosidad- ¿no adivinas? – respondió mas picarona que antes- creo que no – yo que tu voy dejando ese librito de lado y me arreglo un poco y salgo a ver quién es- dijo mientras me quitaba el libro y lo dejaba en el escritorio – es Sebastián – resoplo al fin, eso me causo un cierto enrojecimiento en las mejillas, me levante de súbito, fui al baño me arregle el pelo y fui a ver a mi visita, al asomar la cabeza por la puerta le vi, estaba viendo unas fotografías donde salíamos Belén y yo sentadas a la orilla de un rio haciendo muecas raras, entre y le salude – hola, como estas? – me acerque y le di un beso en la mejilla – bien, aquí visitándote como vez, no me pude resistir en venir a buscarte para invitarte a salir-  me dejo estupefacta, realmente era impresionante lo que me causaba el verle, las manos y las piernas me temblaban, la lengua se me trababa y sentía todos mis cabellos erizados a causa de un frio que recorría mi espalda, disimuladamente me senté y le ofrecí a Sebastián que tomara asiento – ¿y que tal tu semana?  - pregunte tratando de destrabar mi lengua, que por suerte no me abandono esta vez – bien, demasiado lenta para mi gusto, al parecer cuanto más quería verte, más lentas eran las horas – dijo sin despegar sus ojos de los míos, el latir de mi corazón era violento y  la respiración se me entrecortaba, si ahora que le tenía a varios centímetros de distancia me hacía sentir como loca, ya imaginaba como seria si estuviese más cerca. Realmente era extraño sentir algo tan fuerte por alguien que apenas he visto dos veces con esta.
- ¿qué prefieres hacer? , ¿Ir al cine, ir a tomar helado, caminar, algo así?  - no podía responder, carraspee un poco y me atreví a sacar la voz – realmente me pillas desprevenida, no pensé que vendrías hoy y no sé, podemos hacer lo que sea, si quieres vamos al campo a caminar a orillas de un rio, al cerro o a tomar helado, al cine creo que no porque no podríamos conversar mucho, creo.
- sí, toda la razón, me parece atractiva esa idea del campo, ¿conoces algún lugar especial?
- sí, la verdad es uno muy especial, ¿ves el rio de la fotografía?
- sí, se ve lindo, ¿por qué es especial?
 - es especial porque me crie cerca de él, ahí aprendí a nadar, a jugar a ahogarme y muchas cosas más que tardaría todo un día en contarte si es que no mas
- bueno por mi feliz escucharte un día entero o dos o todos los que quieras, ahora tengo tiempo para oír tus historias – sus ojos brillaban como dos estrellas en una oscura noche, sin pensarlo más fui por mi bolso, unos chocolates, frutas, jugo y nos fuimos.
 El camino se me hiso más corto que de costumbre y el paisaje me parecía más lindo de lo normal, aunque era imposible porque aquel paisaje jamás podría ser más hermoso de lo que ya es, sus árboles, sus pastizales, las piedras al borde del rio, todo ya era demasiado hermoso, pero ahora tenía un brillo distinto, un aroma diferente, un algo que no podía descubrir, quizá era la compañía que llevaba esta vez, un poco desconocida para mí pero ya era alguien con quien me quería sentir cada vez mas familiarizada, alguien con quien quería compartir mas de unas cuantas horas. – Que lindo lugar, en la fotografía se veía atractivo pero en persona es mucho más lindo, ya imagino  como disfrutabas este rio cuando eras pequeña, realmente se siente especial esto – dijo mientras contemplaba el paisaje – ¿te gusta? – Si, me encanto, es un lugar muy calmado y pacifico-  respondió Sebastián -  ¿vienes muy seguido a este lugar?  -  la verdad, si vengo mucho aquí, me encanta la serenidad que se respira en este lugar, me encanta sentarme y oír el canto de las aguas, el silbido de las aves, o  en invierno me gusta ver y oír como cae la lluvia en el rio, ese sonido me es especial -  me senté al borde del rio y Sebastián me siguió, se acomodo muy cerca de mí y comenzó a lanzar piedras al agua mientras conversábamos.  - ¿por qué te gusta la lluvia? – Pregunto Sebastián con curiosidad, -  la verdad, no lo sé, quizá sea su aroma, su frescura, esa paz que deja en el ambiente – si, tienes razón, siempre queda un rico ambiente después de la lluvia -  mientras decía eso, se paro y lanzo una piedra justo en frente de mí, me empapo de agua, - perdón, no fue mi intención-  dijo casi reventando de risa, me levante y le seguí el juego, me acerque y lo empuje al agua, el fue más inteligente y me abrazo así que caímos juntos, jugamos un rato en el agua a una especie de guerra, de pronto el me abrazo para que dejara de tirarle agua, mi corazón se desespero, y podía sentir el suyo ahí al lado del mío latiendo casi a un solo ritmo, sus ojos no se despegaban de los míos, lentamente se acerco hasta que nuestros labios quedaron completamente enredados sin poder despegarse como si fuesen imanes, esa sensación era dulce, pero me quemaba, era como un fuego que ardía en mi boca y que provocaba un escozor en todo mi cuerpo, sus brazos eran como un lazo alrededor de mi cintura, de apoco fueron aflojando y sus manos se enredaron en mi pelo – que dulce, tal como imagine, suave y aromática – me dijo al oído mientras olía mi cabello, me sentí mareada, nunca había sentido esa sensación, jamás imagine que un beso podría provocarme eso – estas helada, mejor nos secamos y comemos algo ¿te parece?  - dijo mientras me tomaba en brazos y me sacaba del agua, una vez fuera volvió a abrazarme y a besarme tanto o más apasionadamente que antes, esta vez sentí que volaba en una nube de algodón y me sentí mas mareada que antes, era increíble esa sensación, era como una especie de droga que no causa daño alguno, pero de la que se quiere y anhela mas y mas, una droga que con solo una probada embruja los sentidos dejándote en el más profundo estado de perdición.
 Después de secarnos comimos algo y nos quedamos bajo un árbol conversando toda la tarde hasta que cayó sobre nosotros la noche  y en el cielo se esparcieron las estrellas – hermosa noche – dije yo mientras él me acariciaba el pelo incesablemente – sí, pero creo que si no estuviese contigo en este lugar mi noche seria como una noche de luto y silencio absoluto, quizá estaría en mi casa escribiendo una carta para enviártela mañana a primera hora por correo
-¿enserio? , ha y hablando de cartas, como fue que te equivocaste aquella vez en la dirección y porque me respondiste cuando te escribí para decirte que te habías equivocado  ya que en esa dirección no vivía nadie con ese nombre y nadie conocía  ese remitente – la verdad, me pareció interesante que alguien se preocupara de devolver una carta y que mas encima se diera el tiempo de dar explicaciones tan amablemente, así que escribí para dar las gracias y para ver que tal era la persona que estaba detrás de esas letras, y aparte de eso, me pareció interesante tu forma de expresarte a través de lo que escribes, eres simple y sencilla pero hay algo en las palabras que le dan un toque especial, un algo que ahora estoy descubriendo, es esa dulzura tuya, es esa magia que hay en tus ojos, es esa simpleza y majestuosidad que le das a lo que te rodea y esa ternura que te envuelve mágicamente – yo no sabía que decir, solo podía mirar el cielo y nada más, se movió un poco y se sentó frente a mí, me tomo las manos y me miro fijamente – Alejandra, quizá sea muy pronto para esto pero ya no puedo esperar más, ahora que se quién eres no te voy a dejar ir, sé que hay mucho mas por conocer y mucho mas por vivir y me gustaría que eso que nos queda por vivir lo vivamos juntos- se acerco un poco mas sin dejar de mirarme, esta vez en sus ojos había un brillo desesperante, un fuego intenso – Ale, ¿quieres pololear conmigo? – esta pregunta me saco de orbita unos cuantos minutos, analice cada palabra, cada letra y significado juntándolas, el estomago se me comprimió y sentía que la sangre de mis venas se enfriaba, no podía hablar, sentía un nudo en la garganta así que tuve que forzarme para poder hablar – si. – fue todo lo que logre decir.


                                                                     Continuara…

sábado, 22 de enero de 2011

Una sonrisa, un abrazo y un cuchillo

No sabía muy bien lo que hacía, pero si sabía que me gustaba esa sensación, sentía el sabor del peligro y el sabor de una dulzura inexplicable en mi interior. Podía sentir que mi corazón estaba despierto dentro de mí y que latía desbocadamente como corre un caballo salvaje en medio de su amplia libertad, con toda la fuerza de un potrillo joven , con toda la fuerza de un corazón despierto.
Las horas avanzaban más rápido que nunca y eso me gustaba porque la hora de verle se acercaba a pasos apresurados, ya había esperado demasiado para verle como para tener que soportar que las horas avanzaran lentas estando tan cerca de cumplir mi sueño anhelado, ver a los ojos a aquel ser que me inspiraba cierto desenfreno en las venas, aquel hombre que solo conocía a través de cartas y un llamado telefónico , con eso me basto para que embrujara mi alma y me hiciera querer caminar hacia él a ojos cerrados sin medir consecuencias ni peligros, él era mi destino , no me importaba nada más que llegar a él, si después de verle me tocaba morir , que me atropellara el tren o que me quedase ciega no me importaría porque ya habría cumplido mi sueño de verle y compartir con él unos minutos de mi vida, era todo lo que pedía , verle y dejar que mis ojos se perdieran en los suyos como se pierde una piedra al ser lanzada al mar , como se pierde el águila en el inmenso cielo después de unas cuantas horas de vuelo, como se pierden las gotitas de lluvia al caer en la tierra, solo eso pedía mi alma y anhelaba mi ser.
Al llegar a la plaza me sentía un tanto nerviosa, puesto que no sabía muy bien como era, solo tenía en mi mente la imagen de la fotografía que me envío junto con una carta . Di una vueltas , miraba con atención a las personas que pasaban por ahí  hasta que me di por vencida , me senté y contemplé el ir y venir apresurado de las personas, cada cual en su mundo, cada cual en sus pensamientos , realmente me es fascinante contemplar las actitudes de estas , todos se mueven distintos , todos visten diferente y por lo general van serios sin dar sonrisa alguna como si siempre estuviesen de luto o alguna especie de tristeza sin alivio, estaba perdida en eso cuando vi pasar a alguien que me hiso latir tres veces a ritmo fuerte el corazón y me hiso olvidar todo el paisaje que tenía en frente, para mis ojos en aquel lugar no había más luz que los ojos de él. Se acercó a paso lento sin dejar de mirarme, yo me levanté del asiento y espere a que llegara a mi lado, no podía dejar de mirarle, realmente era como lo que imaginaba, ojos café oscuro, pelo castaño, corto y un peinado al lado algo desordenado, caminaba sonrientemente, eso me dejo estupefacta, maravillada, era un sueño en sí, un caballero a la moda sin nada que envidiar a famoso alguno, era simplemente lo que soñaba conocer, perdí la noción del tiempo  , espacio , de todo. – ¿Alejandra? -  mi nombre en aquella voz grave me trajo de vuelta a la realidad en un segundo – ¿cómo sabes?- dije sorprendida ya que jamás le había enviado una foto y por ende no sabía cómo era yo. – Llamémosle intuición -  dijo y sonrió, el silencio se apodero de la situación permitiéndonos solo intercambiar miradas. – ¿Te sientes bien? -  volví nuevamente a mi conciencia y me di cuenta de que mis manos temblaban y que mi cuerpo sentía frio, reaccione y respondí con un sí, intentando  estabilizarme lo más pronto posible - ¿estás segura? , te ves pálida -  insistió mientras se sacaba la chaqueta y la ponía sobre mis hombros, actitud que hipnotizo mi mente y enloqueció mis sentidos ya que su voz se sintió como un susurro cerca de mis oídos - ¿quieres un café? -  dijo dando un paso atrás, nuevamente sentí frio.
El garzón puso frente a mí un café bombón, un agua y unas galletas, nuevamente me sorprendió puesto que jamás le mencione que ese era mi café favorito. -  Gracias -  dije sorprendida ante tal acción sin dejar de mirar a Sebastián, transcurrieron unos segundos y me dispuse a hablar -¿por qué  este café? -  me miro con un poco de rubor en las mejillas y me dijo: -¿por qué, no te gusta?
-         No, no es eso todo lo contrario, es mi favorito siempre que vengo acá pido este café.
-         Mmh, siempre vienes acá, ¿y qué vienes a hacer? 
-         La verdad, creo que un buen café me ayuda a despejar la mente – dije en tono despreocupado
-         Mmh lo sospeché
-         ¿Desde un principio dices tú?  -  y ambos reímos, lo que me hiso sentir más en confianza. Conversamos hasta que las sillas estuvieron sobre las mesas. Nos levantamos y caminamos hasta la plaza principal, la gente ahora era escaza y no había más luz que la de los focos, la briza ahora era más fría, cosa extraña en pleno mes de enero. Por casualidad di un pequeño roce en su brazo y sentí que tenia la piel fría, me dispuse a devolverle la chaqueta pero él se negó – a ti se te ve mejor -  bromeo. Caminamos hacia unos autos estacionados, abrió la puerta del que era suyo e hiso un gesto para que subiera, - te llevo hasta tu casa -  dijo con voz sobreprotectora, lo cual me hiso advertir que sería imposible decir que no así que subí sin hacer intento de negarme, rápidamente tomamos la carretera principal, entro a la villa, tomo la calle que conducía a mi casa y se detuvo justo en frente, todo sin preguntar detalle alguno.
-         Y bien señorita, ya está usted sana y salva en casa, - se quedo unos segundos mirándome fijamente, yo no sabía qué hacer, el corazón latía desesperadamente dentro de mí, por un momento pensé que me daría un ataque o un desmayo, no entendía nada de lo que me estaba pasando, solo pase unas cuantas horas de la tarde junto a él y ya sentía que no me quería alejar por mucho tiempo.
-         Sabes, me encanto pasar la tarde contigo hoy, hace mucho no me divertía con alguien así
-         ¿Enserio?, bueno a decir verdad, yo también me divertí mucho hoy, además de eso me sorprendiste demasiado, es como si  me conocieras de siempre, estoy por creer que me has estado espiando todo este tiempo
-         ¿Por qué crees eso? – me dijo con los ojos al borde de que se le salieran de las cuencas.
-         Mmh no te asustes, es solo que me sorprende que me  hayas reconocido tan rápido, que hayas pedido el café que más me gusta y que te sepas la dirección de mi casa como de memoria, se que la sabes por lo de las cartas pero no pensé que sabias llegar hasta acá – dije sin dejar de mirarle, el escucho con atención.
-         Mmh, tienes razón, pero…
-         ¿Pero?...
-         Bueno yo por alguna razón me conozco la ciudad casi de memoria, cada calle, cada villa o población, todo me lo conozco en esta ciudad, creo que debe ser por mi trabajo o por mis años de vivir acá.
-         Claro, debe ser eso, ¿y en que trabajas?  -  al parecer esta pregunta era medio difícil porque se quedo pensando un buen rato antes de responder
-         Trabajo en la municipalidad, en estos asuntos de la planificación de la ciudad, y antes de trabajar en eso fui cartero de correos chile – no sabía que pensar exactamente ya que estaba medio nervioso, no quería incomodarlo con mis preguntas así que acepte la respuesta
-         Bueno creo que se nos hiso un poco tarde, de verdad me la pase bien hoy, gracias por todo – dije sin ganas de despedirme
-         De nada, fue todo un gusto – terminado la frase se bajo  del auto y dio la vuelta, llego hasta mi puerta y como todo un caballero la abrió y me tendió la mano -  Alejandra, antes de despedirme me gustaría saber si
Podemos  volver a salir otro día -  claro me encantaría, cuando puedas me llamas y nos ponemos de acuerdo ¿te parece? – mi respuesta le provocó una sonrisa  que le ilumino el rostro – fue un gusto, que llegues bien a casa, nos vemos – me acerque y le di un beso en la mejilla – me parece, que descanses, buenas noches – se subió al auto y desapareció. Esa noche sentía que el corazón no dejaba de latir apresuradamente dentro de mí, cerraba los ojos y veía a Sebastián, sentía su aroma, veía su sonrisa hipnotizadora y sus brillantes ojos, después de unas horas de divagar pensando en el logre conciliar el sueño.
                                                          ( continua mas adelante)

viernes, 7 de enero de 2011

Cuando el cielo se ve oscuro y sin estrellas, cuando en tu camino no haya luz cierra los ojos y respira profundo, abre nuevamente los ojos y mira otra vez al cielo y entonces veras que este brilla , que esta lleno de estrellas y que también tiene una enorme luna que da luz a tu oscura noche...