martes, 15 de noviembre de 2011
Mañana tras mañana en los fríos hielos de invierno mojaba mis pies en los charcos de agua, recuerdo que había un bosque de pinos que hacían una oscuridad tenebrosa y tentadora para caminar en las noches, en ese camino comencé a soñar, a dar mis primeros pasos, a sentir las primeras caídas en bicicleta, a correr y no sentir miedo de andar en las noches por más que me dijesen que bajo el bosque se escondían los duendes y una mujer sin cabeza, eso no me hacia sentir miedo, lo único que pensaba cuando pasaba de noche por ese camino era en que se alargara lo más posible para poder sentir la brisa del viento fresco en los atardeceres y ver cómo se ocultaba el sol tras los infinitos verdes potreros, allá al final de los bosques se dormía el sol. Por las noches deseaba ver la luna y las estrellas, contar estrellas fugaces y pedirles deseos, no es que crea mucho en eso, pero por si acaso, nunca está demás, si se cumple bien, si no, fue lindo verle pasar...
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